Hacerse un hueco en una calle como Carranza no es nada fácil. Aunque técnicamente estamos en Chamberí, el tráfico incesante que marca el ambiente de este bulevar que une las glorietas de San Bernardo y Quevedo, no invita precisamente al paseo. Aún así, SARDÖ ha encontrado su sitio apostando por una fórmula que nunca falla en la capital: coger el recetario de siempre y darle una vuelta, con técnica y buen producto.
Sardö es algo así como una bar de los de toda la vida, pero de look muy actual, donde igual puedes pasar a tomar el aperitivo, hacer una cena informal con los amigos o cerrar la noche con buena música. La cocina, capitaneada por el chef Israel Ferron Rivas, parte de una base muy reconocible —tapas y platos clásicos— pero se afina con una ejecución contemporánea que eleva cada bocado sin complicarlo. El resultado es una propuesta honesta, directa y pensada para compartir.
Entre sus imprescindibles hay platos que ya están dando que hablar, como la ensaladilla rusa, con mahonesa de piparras y tartar de atún, que muchos sitúan entre las mejores de Madrid; el brioche de calamares, una versión más sofisticada del bocata castizo; el bikini de pastrami con mostaza y chucrut, o la tortilla de trufa, que reinterpreta un clásico con este preciado producto. También hay guiños a la cocina mediterránea con platos la burrata o la ternera asada al estilo vitello tonnato, que completan una carta pensada para alargar la comida sin darte cuenta.
Todo se acompaña con una selección de más de 40 vinos que refuerzan ese concepto de wine bar donde empiezas con una copa… y acabas pidiendo mesa. Y cócteles, claro, que aquí las noches no acaban tras acabar el postre.
