Hay veces que los bares de barrio desaparecen, pero no para dejar un vacío, sino para dar paso a una nueva generación de bares llamados a convertirse de nuevo en el punto de encuentro de sus vecinos. Esto es lo que ha ocurrido con Montreal, el espacio que ha recuperado el hueco dejado en la calle Lola Membrives por El Barril, en pleno corazón de Carabanchel.

YOGA Y MUCHOS PLANES LÚDICOS

A pesar de tratarse de un concepto radicalmente distinto, Montreal nace con la misma vocación que su predecesor: ser el punto de encuentro de sus vecinos. Una labor que le confiere aún más valor en estos tiempos en los que los tentáculos de la gentrificación comienzan a llegar al barrio y encontrar un bar donde uno se sienta como en casa, y además coincida con sus vecinos, es casi misión imposible. Su espíritu es el de bar de barrio de toda la vida, recomendable para tomar el café mañanero, el vermú de mediodía o la cervecita después del curro. Pero va mucho más allá, porque cuenta con una enorme sala en la planta sótano en la que se ofrecen clases de yoga o baile; durante todo el día.

Y si lo tuyo es entrenar el cerebro además del cuerpo, también tienes actividades culturales, a la par que lúdicas, todos los días de la semana. Desde quedadas para hacer intercambio de idiomas y conocer a vecinos que vienen de fuera, hasta un club de lectura donde además de libros también se comparten ideas sobre cine, series y  música. Pero hay otras muchas más opciones para conocer gente y entablar conversación con muchas de esas caras que habitualmente te encuentras por las calles del barrio, el súper o el metro: repair café (iniciativa colaborativa en la que vecinos se ayudan unos a otros a reparar pequeños electrodomésticos, ropa, etc.), speed dating, listening sessions o el Trivial de Cine, al que cada vez se apunta más gente.

COMIDA CASERA Y SALUDABLE

Como en todo bar que se precie, la comida tiene que ser uno de los principales reclamos -si no el primero- entre su parroquia. Y en Montreal este precepto se cumple a rajatabla. A mediodía preparan un plato del día casero, que se puede convertir en menú añadiendo bebida y postre, con un precio súper interesante. Si lo que buscas es picar algo o acompañar esas cervecitas post curro con algún bocado rico tienen tostas, bowls, tablas y sandwiches (con pan de pasa madre) que están bien buenos.

Para la hora del desayuno, o la merienda, tienen unas tartas (lima, queso, cerveza negra) espectaculares, todas homemade. Y, por supuesto, te dejan llevar el portátil para trabajar. Además, como el espacio tiene tantos ventanales y luz natural, ¡es perfecto para pasar la mañana currando aquí! Y entre las clases, la gente que viene a almorzar y las distintas quedadas que organizan por la tarde, al final siempre acabas quedándote un poco más.

Más que un bar, más que un espacio cultural, Montreal es ese segundo hogar que necesitamos tener siempre cerca de casa. Para cuando buscas compañía, charlar o quedar con tus amigos en algún lugar donde no os sintáis unos extraños, como ya está sucediendo en los barrios del centro: aquí en la barra, las mesas de al lado o las clases colectivas se encuentran tus vecinos.