La cocina georgiana es el (pen)último fenómeno gastronómico en Madrid. Fue en 2021 cuando abrió el primer restaurante de la gastronomía de este pequeño país situado en el límite entre Europa Oriental y Asia Occidental. Pero ha sido en el último año cuando su popularidad ha dado el gran salto gracias, sobre todo, al éxito de los restaurantes de Nino Kiltava, Nunuka (cocina tradicional) y Persimmon’s (contemporánea).
A estos hay que sumar ahora este K’era que, desde el minuto uno, se ha convertido en el restaurante del momento. ¿La razón? Traer la esencia de una casa georgiana a Madrid y convertirla en un plan all day. La localización también juega a su favor: un amplio local en Chueca, con personalidad propia, diferentes salones y ambiente que va cambiando a lo largo del día. Algo así como un diner, en el que bien puedes ir por la mañana a desayunar como a cenar por la noche a base de platos con sabor (georgianos, por supuesto) e ideados para compartir.
PROTAGONISTA: EL HORNO
Aquí todo gira en torno a un elemento clave: el horno tradicional, visible desde cualquier punto del local y verdadero corazón de K’era. De él salen a diario panes y masas que ejercen de hilo conductor de toda la experiencia. Los que emplean para los sandwiches son increíbles, y le dan un sabor súper auténtico a cualquiera de las recetas; en especial el de Pollo guisado con adjika verde, que resulta sublime. Aquí también hornean los kachapuri, cuya elaboración se hace íntegramente a la vista de los comensales. La icónica barca de pan rellena de queso fundido y yema de huevo de Georgia es el plato estrella de K’era; primero, por la curiosidad que despierta el formato (debes ir pellizcando la corteza del pan para mojar después en el queso del interior) y, segundo, porque está realmente sabroso. Conviene siempre compartirlo, eh? Al menos entre dos.
La carta, como indicamos, contiene propuestas para todos los momentos del día; y con un amplio abanico de precios, de manera que puedes ajustar la comanda a tu presupuesto. ¿Nuestras recomendaciones?: el Karcho de calabaza y los Bites de coliflor con queso, como entrantes; el Coquelet con salsa de nueces y su versión de los tradicionales khinklukebi, que aquí sirven en caldo marino y rellenos de gambas y mejillones (buena opción para conocer su faceta más creativa y contemporánea), como principales.
LA CARA MÁS DULCE
Para el postre, o para merendar, cuentan con unas tartas caseras de las que dejan huella, como la mítica Taplis Namtskhvari, un bizcocho con miel, dulce de leche y nueces que ya habíamos tenido el placer de descubrir en Nunuka; o su versión de la tarta Napoleón, un milhojas con abundante crema de vainilla. Aunque los postres tradicionales de la carta también prometen, como el Machkati, unos pancakes con crema inglesa y cerezas que fichamos en la mesa de al lado y que pediremos en nuestra próxima visita.
Un nuevo restaurante de 2026 no puede no incluir en su propuesta una fiesta de tardeo, que aquí celebran los viernes tarde con sesiones de vinilo y coctelería. Aunque los cócteles de K’era tienen tirón más allá de esta cita: la carta es más que sugerente y contiene fórmulas como el Basil Flower (vodka georgiano, licor de flor de saúco, albahaca y limón) que permiten valorar su oferta por encima de la media.
Ha quedado claro entonces, ¿no? La de K’era es una propuesta completa, con personalidad y sabor, que demuestra que no es solo un restaurante: es un sitio al que apetece volver a cualquier hora del día.

